HACIA UN MODELO DE EVALUACIÓN DE LA
CALIDAD DE INSTITUCIONES DE EDUCACIÓN SUPERIOR.
los grandes desafíos
de la educación es, sin duda, el mejoramiento de la calidad de los sistemas
educativos. El auge de las soluciones cuantitativas a partir de los sesenta y
hasta los setenta se expresó en muchos países en aumentos en el gasto en
educación, en el incremento del número de años de enseñanza obligatoria, en una
disminución de la edad de ingreso a la escuela, en el desarrollo de teorías
económicas sobre la educación como explicación del crecimiento, etc. Existen
dos concepciones antagónicas acerca de la educación (Sanjuán, 1974). La primera
la considera como un proceso de enriquecimiento del educando. En ésta la
actividad del educador es la de conducir al estudiante de manera sistemática y
planeada al logro de ciertos objetivos. No obstante esta aparente dificultad en
definir el concepto, podemos observar que ambos enfoques coinciden en que la
educación es un proceso que tiene una cierta intencionalmente, y ésta es la del
mejoramiento.
Aunque son comunes las
expresiones que utilizan la palabra calidad como adjetivo (p. ej.: esta tela es
de calidad), también existen las que la utilizan para indicar el grado en que
este constructo está presente (p. ej.: esta tela es de mejor calidad que
aquella). Sin embargo, el empleo de la palabra «calidad» como equivalente de «excelente»
o «de clase inmejorable» presenta el problema de la dificultad en establecer
diferentes niveles de esa calidad. Así, por ejemplo, no es posible decir que un
vino es de mediana calidad porque estaríamos diciendo que es de mediana
excelencia, o, peor aún, cuando decimos que el vino es de mala calidad. Parece
que esta aproximación al concepto adolece del problema del todo o nada. La
calidad de la educación está histórica y culturalmente especificada, y se
construye en cada espacio. Esto es, los elementos que en cierto momento y en
determinado contexto se definen como importantes, no son necesariamente los
mismos para otro momento o lugar. Por lo tanto, a lo más que podremos aspirar
es a proponer un abordaje amplio que permita, en los momentos y lugarUno de los
primeros asuntos a resolver cuando uno propone evaluar la calidad es el de la
identificación clara de la instancia o entidad que se abordará. No se puede
hablar solamente de evaluación de la calidad de la educación. Deberemos
precisar si se trata de un programa educativo, de la actividad del profesor en
el aula, de una institución o de un sistema, ya que para cada uno existen
diferentes características o propiedades, indicadores y referentes de
comparación particulares. La evaluación de la calidad podrá dirigirse a
apreciar estos elementos en particular o cuando se encuentran en interacción.es
pertinentes, identificar los elementos de la calidad que se consideren
importantes.
Como ya se mencionó
anteriormente, la calidad de la educación tiene dos dimensiones: una descriptiva
y otra relacional-explicativa. Aunque como ya se indicó para ciertos propósitos
es importante la evaluación de la dimensión descriptiva de la calidad, un
modelo de evaluación holístico de la calidad de la educación deberá dirigirse a
la evaluación de las dimensiones relacional-explicativas de las tres funciones
sustantivas de la universidad. Dentro de esta dimensión, la evaluación deberá
iniciarse con la de la relevancia. Ninguna de las otras dimensiones será
importante de evaluar si no se ha abordado el problema de la relación entre los
propósitos institucionales y los requerimientos del contexto. La evaluación de
dicha dimensión es lo que da sentido y justifica la de las demás.
Es importante producir, realizar los escritos con análisis personal
ResponderEliminar