La evaluación es clave para la calidad educativa ya que
es uno de los elementos esenciales para el mejoramiento del humano, además de
ser punto clave la evaluación es de constante competición.
En el universo de la pedagogía existen varios conceptos
de “evaluación”, y varía de acuerdo a las metodologías, pero lo que sin duda es
simétrico entre varias concepciones, evaluación se refiere a la forma en que
los profesores y otras personas implicadas en la educación sistemática de un
alumno recogen y emplean la información sobre los logros alcanzados o
desarrollados en las distintas áreas de su experiencia educativa (académica,
conductual y social).
La concepción de la evaluación vista por los docentes de
manera positiva y para mejorar, eso no da la seguridad de que sea utilizada
para tal fin educativo, ya que la manera en que los estudiantes conciben la
evaluación choca con la misma esencia de la evaluación y esa visión de dicho
proceso es adquirido en la escuela primaria, donde tal nivel es la ancla que
determinará el resto de la carrera escolar, allí el alumno aprende a ser
evaluado y a evaluar a los demás.
En educación la evaluación, tanto interna como externa,
es uno los objetivos del actual sistema educativo y hoy se siente por todos
como una necesidad para mejorarlo. Es más, la evaluación es considerada como un
indicador de calidad de un buen sistema educativo. Hoy nuestro número
monográfico está dedicado a la evaluación externa. La evaluación se ha
prodigado últimamente de una forma generalizada. Esta necesidad es tan sentida
y evidente que no tenemos más que ver la trascendencia y resonancia en los medios
de comunicación social que han tenido o tienen evaluaciones internacionales
como el informe PISA y las evaluaciones de diagnóstico que realizan algunas
Comunidades Autónomas. Estos informes evidencian que las evaluaciones interesan
a la sociedad y sus resultados llegan a provocar inquietud sobre la marcha del
sistema educativo de cada país, comunidad autónoma e incluso en cada centro. Lo
anteriormente dicho no quita para constatar que todas las evaluaciones que se
están haciendo sean válidas y/o sirvan para mejorar el sistema educativo,
centros, profesores o programas evaluados. Para que la evaluación sea válida,
relevante y útil precisa que ésta parta con unos claros planteamientos
establecidos de forma previa y adopte unos modelos de evaluación que sean coherentes
y acordes con el objeto a evaluar. Esta situación de partida debe dar respuesta
a preguntas como éstas, en las cuales centraremos nuestro artículo: ¿para qué
evaluamos?, ¿qué evaluamos?, ¿cómo evaluamos? y ¿qué haremos después de la
evaluación?. La evaluación es el medio menos indicado para mostrar el poder del profesor ante el alumno y el
medio menos apropiado para controlar las conductas de los alumnos. Hacerlo es
síntoma de debilidad y de cobardía, mostrándose fuerte con el débil, además de
que pervierte y distorsiona el significado de la evaluación.
Sin embargo; el éxito del que enseña sólo puede definirse
a partir del éxito del que aprende. En el mismo sentido otro autor, recoge en
una de sus tesis sobre evaluación que "el
evaluador es un educador; su éxito debe ser juzgado por lo que otros aprenden”.
Por lo tanto la evaluación no es ni puede ser apéndice de la enseñanza. Es
parte de la enseñanza y del aprendizaje. En la medida en que un sujeto
aprende, simultáneamente evalúa: discrimina, valora, critica, opina, razona,
fundamenta, decide, enjuicia, opta... entre lo que considera que tiene un valor en sí y aquello que carece de
él. Esta actividad evaluadora, que se aprende, es parte del proceso educativo,
que como tal es continuamente formativo.
La evaluación externa tiene estrecha relación del
producto como proceso final del contexto educativo, es decir, sirve de base
para la toma decisiones tendientes a juzgar los logros no sólo del final de
cada etapa del proyecto, sino del proyecto global. Su procedimiento es analizar
la definición operacional de los objetivos, criterios asociados con los
objetivos de la actividad, posteriormente se comparan estas medidas de
criterios con normas determinadas y finalmente se realizan una interpretación
racional.
Cuando
se evalúa a un sujeto, es imposible prescindir de observaciones y valoraciones
subjetivas; evaluar cualitativa mente en todas sus dimensiones a cada uno de los
componentes del sistema
educativo es interesarse por comprender la conducta
humana desde el marco de referencia de quien actúa; es
fundamentarse en una realidad dinámica y
cambiante como la naturaleza misma
del hombre. Ahora bien, una de las concepciones más amplias y
generalizadas que versan sobre el concepto de
evaluación es aquella que entiende el proceso como una actividad que ejercen
los profesores sobre sus alumnos. Para todos es conocido que para los docentes,
evaluar es una actividad contemplada como obligación institucional y se abocan
a su práctica porque tienen que informar ya que "no les queda más remedio";
para otros en cambio es
aceptada con cierta complacencia dado que es una medida que les permite ejercer presión sobre
los alumnos y mantener el orden en el aula.
Pocos son en realidad los docentes que utilizan los
resultados de las evaluaciones para mejorar su actuación frente al grupo.