miércoles, 28 de enero de 2015

EVALUACIÓN INTERNA Y EXTERNA.

La evaluación es clave para la calidad educativa ya que es uno de los elementos esenciales para el mejoramiento del humano, además de ser punto clave la evaluación es de constante competición.
En el universo de la pedagogía existen varios conceptos de “evaluación”, y varía de acuerdo a las metodologías, pero lo que sin duda es simétrico entre varias concepciones, evaluación se refiere a la forma en que los profesores y otras personas implicadas en la educación sistemática de un alumno recogen y emplean la información sobre los logros alcanzados o desarrollados en las distintas áreas de su experiencia educativa (académica, conductual y social).
La concepción de la evaluación vista por los docentes de manera positiva y para mejorar, eso no da la seguridad de que sea utilizada para tal fin educativo, ya que la manera en que los estudiantes conciben la evaluación choca con la misma esencia de la evaluación y esa visión de dicho proceso es adquirido en la escuela primaria, donde tal nivel es la ancla que determinará el resto de la carrera escolar, allí el alumno aprende a ser evaluado y a evaluar a los demás. 
En educación la evaluación, tanto interna como externa, es uno los objetivos del actual sistema educativo y hoy se siente por todos como una necesidad para mejorarlo. Es más, la evaluación es considerada como un indicador de calidad de un buen sistema educativo. Hoy nuestro número monográfico está dedicado a la evaluación externa. La evaluación se ha prodigado últimamente de una forma generalizada. Esta necesidad es tan sentida y evidente que no tenemos más que ver la trascendencia y resonancia en los medios de comunicación social que han tenido o tienen evaluaciones internacionales como el informe PISA y las evaluaciones de diagnóstico que realizan algunas Comunidades Autónomas. Estos informes evidencian que las evaluaciones interesan a la sociedad y sus resultados llegan a provocar inquietud sobre la marcha del sistema educativo de cada país, comunidad autónoma e incluso en cada centro. Lo anteriormente dicho no quita para constatar que todas las evaluaciones que se están haciendo sean válidas y/o sirvan para mejorar el sistema educativo, centros, profesores o programas evaluados. Para que la evaluación sea válida, relevante y útil precisa que ésta parta con unos claros planteamientos establecidos de forma previa y adopte unos modelos de evaluación que sean coherentes y acordes con el objeto a evaluar. Esta situación de partida debe dar respuesta a preguntas como éstas, en las cuales centraremos nuestro artículo: ¿para qué evaluamos?, ¿qué evaluamos?, ¿cómo evaluamos? y ¿qué haremos después de la evaluación?. La evaluación es el medio menos indicado para mostrar el poder del profesor ante el alumno y el medio menos apropiado para controlar las conductas de los alumnos. Hacerlo es síntoma de debilidad y de cobardía, mostrándose fuerte con el débil, además de que pervierte y distorsiona el significado de la evaluación.
Sin embargo; el éxito del que enseña sólo puede definirse a partir del éxito del que aprende. En el mismo sentido otro autor, recoge en una de sus tesis sobre evaluación que "el evaluador es un educador; su éxito debe ser juzgado por lo que otros aprenden”. Por lo tanto la evaluación no es ni puede ser apéndice de la enseñanza. Es parte de la enseñanza y del aprendizaje. En la medida en que un sujeto aprende, simultáneamente evalúa: discrimina, valora, critica, opina, razona, fundamenta, decide, enjuicia, opta... entre lo que considera que tiene un valor en sí y aquello que carece de él. Esta actividad evaluadora, que se aprende, es parte del proceso educativo, que como tal es continuamente formativo.
La evaluación externa tiene estrecha relación del producto como proceso final del contexto educativo, es decir, sirve de base para la toma decisiones tendientes a juzgar los logros no sólo del final de cada etapa del proyecto, sino del proyecto global. Su procedimiento es analizar la definición operacional de los objetivos, criterios asociados con los objetivos de la actividad, posteriormente se comparan estas medidas de criterios con normas determinadas y finalmente se realizan una interpretación racional.
Cuando se evalúa a un sujeto, es imposible prescindir de observaciones y valoraciones subjetivas; evaluar cualitativa mente en todas sus dimensiones a cada uno de los componentes del sistema educativo es interesarse por comprender la conducta humana desde el marco de referencia de quien actúa; es fundamentarse en una realidad dinámica y cambiante como la naturaleza misma del hombre. Ahora bien, una de las concepciones más amplias y generalizadas que versan sobre el concepto de evaluación es aquella que entiende el proceso como una actividad que ejercen los profesores sobre sus alumnos. Para todos es conocido que para los docentes, evaluar es una actividad contemplada como obligación institucional y se abocan a su práctica porque tienen que informar ya que "no les queda más remedio"; para otros en cambio es aceptada con cierta complacencia dado que es una medida que les permite ejercer presión sobre los alumnos y mantener el orden en el aula.


Pocos son en realidad los docentes que utilizan los resultados de las evaluaciones para mejorar su actuación frente al grupo.

domingo, 18 de enero de 2015

resumen.

HACIA UN MODELO DE EVALUACIÓN DE LA CALIDAD DE INSTITUCIONES DE EDUCACIÓN SUPERIOR.
 los grandes desafíos de la educación es, sin duda, el mejoramiento de la calidad de los sistemas educativos. El auge de las soluciones cuantitativas a partir de los sesenta y hasta los setenta se expresó en muchos países en aumentos en el gasto en educación, en el incremento del número de años de enseñanza obligatoria, en una disminución de la edad de ingreso a la escuela, en el desarrollo de teorías económicas sobre la educación como explicación del crecimiento, etc. Existen dos concepciones antagónicas acerca de la educación (Sanjuán, 1974). La primera la considera como un proceso de enriquecimiento del educando. En ésta la actividad del educador es la de conducir al estudiante de manera sistemática y planeada al logro de ciertos objetivos. No obstante esta aparente dificultad en definir el concepto, podemos observar que ambos enfoques coinciden en que la educación es un proceso que tiene una cierta intencionalmente, y ésta es la del mejoramiento.
Aunque son comunes las expresiones que utilizan la palabra calidad como adjetivo (p. ej.: esta tela es de calidad), también existen las que la utilizan para indicar el grado en que este constructo está presente (p. ej.: esta tela es de mejor calidad que aquella). Sin embargo, el empleo de la palabra «calidad» como equivalente de «excelente» o «de clase inmejorable» presenta el problema de la dificultad en establecer diferentes niveles de esa calidad. Así, por ejemplo, no es posible decir que un vino es de mediana calidad porque estaríamos diciendo que es de mediana excelencia, o, peor aún, cuando decimos que el vino es de mala calidad. Parece que esta aproximación al concepto adolece del problema del todo o nada. La calidad de la educación está histórica y culturalmente especificada, y se construye en cada espacio. Esto es, los elementos que en cierto momento y en determinado contexto se definen como importantes, no son necesariamente los mismos para otro momento o lugar. Por lo tanto, a lo más que podremos aspirar es a proponer un abordaje amplio que permita, en los momentos y lugarUno de los primeros asuntos a resolver cuando uno propone evaluar la calidad es el de la identificación clara de la instancia o entidad que se abordará. No se puede hablar solamente de evaluación de la calidad de la educación. Deberemos precisar si se trata de un programa educativo, de la actividad del profesor en el aula, de una institución o de un sistema, ya que para cada uno existen diferentes características o propiedades, indicadores y referentes de comparación particulares. La evaluación de la calidad podrá dirigirse a apreciar estos elementos en particular o cuando se encuentran en interacción.es pertinentes, identificar los elementos de la calidad que se consideren importantes.

Como ya se mencionó anteriormente, la calidad de la educación tiene dos dimensiones: una descriptiva y otra relacional-explicativa. Aunque como ya se indicó para ciertos propósitos es importante la evaluación de la dimensión descriptiva de la calidad, un modelo de evaluación holístico de la calidad de la educación deberá dirigirse a la evaluación de las dimensiones relacional-explicativas de las tres funciones sustantivas de la universidad. Dentro de esta dimensión, la evaluación deberá iniciarse con la de la relevancia. Ninguna de las otras dimensiones será importante de evaluar si no se ha abordado el problema de la relación entre los propósitos institucionales y los requerimientos del contexto. La evaluación de dicha dimensión es lo que da sentido y justifica la de las demás.